jueves, 1 de julio de 2010

Los cómicos ambulantes de Goya




Soy Arlequín. O tal vez Polichinela. Llámadme como queráis sin burlares,
sea quien sea, no dejaré de hacer malabares.
Vivo en un cuadro, en el Prado. Sin lujo y no presumo,
en una esquina de la sala 34 vivo, lo asumo.
Francisco de Goya y Lucientes es mi pintor, ahora ya lo sabéis,
y es que uno de los protagonistas de la Comedia del Arte soy.
Se convirtió la plancha de hojalata que sirvió de lienzo,
en una de las obras más ácidas de mi pintor, veréis, os lo explicaré… Comienzo.

Cuando Goya enfermó del oído no detuvo su actividad y en casa, entre deseos, sueños y pesadillas,
pintó lo que él mismo llamó con desdén “algunas cosillas”.
Esas obras en la Academia de San Fernando se presentaron,
causando gran estupor y admiración en los ilustrados que allí se congregaron.
Sobresale mi obra, un cuadro de pincelada suelta y empastada,
un tanto oscuro y sombrío, alejado de la imagen cómica un tanto estereotipada.

Presenta la imagen un escenario. El burro delante, que con mis particulares malabares, inquino con burlona osadía la inestable composición
de un triángulo amoroso entre Colombina, Pierrot y el señor Pantaleón.
A su lado, un enano un tanto beodo refuerza mi postura aunque no la exclame con tal decoro.
Delante, sombras grotescas y terribles pero ridículas y fácilmente reductibles sujetan un cartelón. Al fin y al cabo un título debía tener esta representación.
“Alg. Men.” Decía. Que quiere decir alegoría.
¿Pero por qué?
Pacientes amigos, que yo os lo contaré.

Shiiii, pero lo haré en murmullo ya que un temible secreto se esconde, y a pesar de ser comadreo
no es descabellado el siseo
que tiene por galanes de este triángulo amoroso
al rey Carlos IV, su señora María Luisa y el valido Godoy, un político muy deseoso.
Pero no propaguéis este chismorreo, pues si me cazan en la horca cual pelele me veo.

Ah ¿pero que no recordáis el nombre? Quizás no lo dije, perdonadme.
El título del cuadro es, como no, “Los cómicos ambulantes” muy apropiado, al gusto de un tal granadino errante.
Sabed pues que si queréis verme no tenéis más que visitar aquellos lares.
Pues yo seguiré en mi humilde esquina, como siempre, haciendo malabares.

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