jueves, 2 de septiembre de 2010

Eadweard Muybridge



Eadweard Muybridge consiguió demostrar que un caballo podía volar. La galería Tate Britain se ciñe estrictamente a la verdad en su carta de presentación del fotógrafo angloamericano del siglo XIX, el primero en registrar en imágenes el movimiento de seres vivos. La famosa secuencia del desplazamiento de una yegua a pleno galope, capturada por una sucesión de cámaras, encabeza la colección de centenar y medio de los trabajos de este pionero que el museo londinense desplegará a partir del 8 de septiembre (hasta el 16 de enero). El experimento fue el mero fruto de una apuesta, pero el autor acabó haciendo historia.

El equino en cuestión efectivamente presenta en Horses. running (1879) las cuatro patas suspendidas en el aire. El empresario y gobernador de California Leland Stanford -fundador de la universidad que lleva su apellido- apostó con otro prohombre californiano que era posible capturar ese momento (el vuelo del caballo) y para ello contrató a Muybridge, un artista obsesionado en retratar esos momentos que escapan al ojo humano.



La exposición de la Tate revela cómo el fotógrafo sofisticó sus experimentos visuales con las series The attitudes of animals in motion o Animal locomotion. Antes de que los hermanos Lumière abrieran las puertas del cine, Eadweard Muybridge (1830-1904) ya había sentado precedente al inventar el zoopraxiscopio, un proyector precedente al cinematógrafo por el que iban desfilando las secuencias en imágenes para obtener la ilusión de movimiento. Ese artefacto que modificó nuestro modo de entender e interpretar el mundo ha tenido desde entonces un profundo impacto no solo en la fotografía y el cine, sino en todo el abanico de las artes plásticas.

Británico de nacimiento (Kingston-upon-Thames), aunque emigrante en Estados Unidos recién cumplidos los 20 años, Muybridge se estrenó como fotógrafo en el nuevo mundo con impresionantes panorámicas de los parajes naturales americanos, en especial del parque Yosemite.



Documentó también el rápido crecimiento de una nación a partir de gigantescas fotografías de ciudades como la emergente San Francisco, donde acabó estableciendo su base profesional y vital. Protagonizó una singladura ajetreada, que le condujo a repetidos viajes por el norte y el centro de América, que a los 44 años vio empañada por un escándalo erigido en comidilla de la época. Presa de un ataque de celos tras descubrir la relación extraconyugal de su esposa Flora, Muybridge despachó de un tiro al amante, en un episodio que le fue perdonado: el jurado le absolvió.

En una nueva demostración de que el arte suele imitar a la vida, ese espinoso apartado de su biografía acabó inspirando la ópera El Fotógrafo, firmada por el compositor vanguardista estadounidense Philip Glass.

ARTÍCULO ORIGINAL DE PATRICIA TUBELLA

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