jueves, 21 de julio de 2011

Fotografías artísticas de mujeres masturbándose



‘La petite mort’ en castellano, ‘la pequeña muerte’, un eufemismo del orgasmo según la propia editorial Taschen. Entre sus páginas, altas, bajas, delgadas y no tanto, pero sobre todo mujeres en estado puro. Mujeres en el momento del orgasmo.

Esta recopilación de imágenes sepia captadas por el ojo del fotógrafo de Toronto Will Santillo no deja a la imaginación, sólo al placer. ‘Le petit morte’, el último libro de la prestigiosa editorial Taschen desvela lo que se esconde detrás de las cortinas de la vecina o de la compañera de trabajo.

Treinta y siete mujeres que se despojaron de la vergüenza y con ella de casi todo, menos de su imaginación. Ellas eligieron cómo y dónde querían masturbarse. A los lectores ya sólo les queda el placer del ‘voyeurismo’.

"Es algo que casi todos los hombres encuentran muy interesante", dice el prólogo de 'La petite mort', libro de fotografías de Will Santillo (editado por Taschen), en relación a su tema: la masturbación femenina. Sin embargo, lo que a primera vista parece un deleite para 'voyeurs' (más bien varones, más bien heterosexuales), termina por ser una reivindicación feminista.

Hay que leer los textos que acompañan a las fotografías de Santillo. El autor entrevistó a 37 de las 60 modelos que se masturbaron ante su cámara (hasta el orgasmo, donde quisieran y en las circunstancias que eligieran) para que expresaran sus fantasías, sus hábitos y sus sensaciones después de posar.



"Desde que recuerdo me he masturbado. Nunca he sentido vergüenza por ello porque siempre he sabido que es algo sano y normal en una persona sexual. Ver películas porno siempre me funciona. Porno gay, entre lesbianas, bisexual, en grupo. ¡Siempre me excito! Posar para Will estaba en el primer puesto de mi lista de fantasías. Después está que un compañero me pida que me masturbe. ¡Me gusta que me fuercen!", cuenta Lindsey, a la que se presenta como profesora de 33 años. Al lado, su retrato ante una pantalla de ordenador.

"Estaba recién separada después de 15 años de un matrimonio muy convencional. Me había convertido en madre y mujer de negocios; mi ropa era discreta, poco maquillaje. Todo un cambio respecto a mis años de universidad, en los que había hecho bastantes locuras. Así que la sesión fotográfica fue como explotar algo que, por necesidad, había reprimido", confiesa Venus, arquitecta paisajista de 44 años.

Y, en paralelo, está el tratamiento de las imágenes, viradas al sepia, desenfocadas, tendentes a la abstracción... "El enfoque abstracto que permite la técnica digital aleja el trabajo de la pornografía y lo acerca al arte", dice el autor en las páginas de 'La petite mort'.

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