viernes, 10 de febrero de 2012

Caballo de batalla (War horse)


“War horse” (Caballo de batalla) es la nueva epopeya bélica del director estadounidense Steven Spielberg. Una versión de la novela homónima del escritor Michael Morpurgo, adaptada al cine por Lee Hall y Richard Curtis, y que ya fue representada en teatro en un proyecto creado por Nick Stafford, producido originalmente para el National Theatre of Great Britain y dirigido por Tom Morris y Marianne Elliot.


La historia cuenta la extraordinaria amistad entre un caballo y un joven muchacho, encargado de domesticarlo y entrenarlo. Cuando ambos son apartados por la fuerza, la película sigue el viaje del animal a través de territorios en guerra, que irá modificando e inspirando las vidas de todos los personajes que conoce a su paso -la caballería británica, los soldados alemanes y hasta un granjero francés y su nieta- antes de que la historia alcance su emotivo clímax, en el corazón de una tierra de nadie.

Contaba alguna vez el director inglés Alfred Hitchcock que una película era un trozo del pastel de una vida. Con Caballo de batalla, Spielberg da un giro de tuerca más a este símil disponiendo diferentes trozos de pastel independientes que constituirán la tarta que representa la vida de Joey, el protagonista animal de la cinta. Aunque los productores se han esforzado en matizar el carácter bélico de la película, y defender la historia de amistad entre hombres y animales, representados en el caballo, es complicado obviar el entorno de la Primera Guerra Mundial como contexto de una película que, usando a su conductor como referencia, bien podría ser una combinación un tanto exótica entre Salvar al soldado Ryan (Saving Private Ryan) y E.T. El extraterrestre (E.T.: The Extra-Terrestrial).


El indudable drama que suponen los traumas que produce una guerra y la emoción que suscitan tanto las relaciones personales, como el conmovedor desenlace, no es óbice para encontrarnos con un resultado global un tanto empalagoso en el que destacan sobre todo dos aspectos.

El primero de ellos es la fotografía de Janusz Kamiscki. Un espectacular trabajo que no nos sorprende a sabiendas del indudable talento del polaco, premiados en dos ocasiones por la Academia de Hollywood por La lista de Schindler (Schindler’s List) y la propia Salvar al soldado Ryan. El segundo elemento que sobresale es la magnífica banda sonora de un experto maestro como John Williams. En sus más de cinco décadas de trabajo ha compuesto la música y ha sido director musical en más de 100 películas. Como la lista es larga y exitosa, podemos destacar en los más de 30 años de carrera de la mano con Spielberg algunos títulos significativos como La lista de Schindler (Schindler’s List), Tiburón (Jaws), Encuentros en la tercera fase (Close Encounters of the Third Kind), Indiana Jones, Munich, o, de nuevo, Salvar al soldado Ryan.


“War horse” (Caballo de batalla) es la historia de un sentimiento, de una amistad. Cuenta cómo los hombres cumplen con sus valores independientemente del riesgo que pueda conllevar ese hecho. Pero, por encima de todo, la película, en su momento más estelar en mi opinión (aquel en el que Joey queda enganchado entre alambre de espino en tierra de nadie entre el bando inglés y el alemán), nos susurra de manera sutil que las personas, por encima de bandos, ideologías, mandatos y preceptos, tenemos sentimientos en nuestro interior que nos unen y nos hacen iguales. Un alegato en pro de la paz. Todavía hay esperanza.

 

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